lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Y si intensificamos el placer?

¿Cómo definir un afrodisíaco? Este concepto proviene de Afrodita (Venus, en la Roma Antigua), la divinidad femenina griega relacionada con el amor y la fecundidad.

Según Isabel Allende, en su obra "Afrodita", el término afrodisíaco, es cualquier sustancia o actividad que despierta el deseo amoroso y/o sexual y que, la mayoría, actúa por impulso de la imaginación. Además, cada cultura y cada persona reaccionan de distinta manera ante estos alicientes.


Apunta también la autora que algunos afrodisíacos funcionan por analogía, como las ostras en forma de vulva o los espárragos falo; otros por asociación de formas, porque nos recuerdan a algo erótico. No hay que descartar los estimulantes terapéuticos (plantas y hormonas), pero después de probar un buen número de ellos, los sensoriales pueden resultar ser los más efectivos: juegos atrevidos, masajes, espectáculos y, en general, el arte erótico.

La imaginación es lo que nos deja festejar la vida, el mundo sería en blanco y negro sin ella. Viviríamos nada más que en un mundo de militares regidos por un sistema burocrático cerrado, donde la energía que se emplea en los placeres del comer y del amor se destinaría a otros fines más disciplinarios.

Si sólo copuláramos con la inocencia de un conejo, nos ahorraríamos la literatura de estos temas y los siete pecados capitales se reducirían a cinco, sin la lujuria y la gula. Sin embargo, la naturaleza ha dotado (o maldito) al ser humano de un cerebro insaciable, loco por conocer nuevas cosas y capaz de imaginar no sólo toda suerte de guisados deliciosos y variantes amorosas, sino también sus respectivas culpas.


La relación entre comida y sexo ha estado latente en todas las culturas y épocas: desde que los primeros humanos ponían sobre las brasas un cadáver de cuervo y luego lo festejaban con alegres fornicaciones, hasta que, actualmente, la cita ideal que concebimos es una cena romántica seguida de una larga noche de amor. El papel que juegan aquí los afrodisíacos es de puente entre la gula y la lujuria.

Aunque existen métodos para incitar el deseo, también hay otros que lo matan. Entre los antiafrodisíacos más seguros están: el resfrío común, un hombre desnudo en calcetines, una mujer con rulos y el mal aliento.

También hay sustancias que se consideran fatales para la libido y tienen doble efecto según la cantidad que ingieras: la valeriana, por ejemplo. En dosis pequeñas tiene reputación de estimulante (antes se mezclaba con cerveza y vino para alegrar a los clientes en los prostíbulos) pero, si abusas de ella, puede causar sueño, extravío de ideas y fastidio en el amor.

A pesar de todo lo dicho, el único afrodisíaco infalible que hay, es el amor. Nada logra detener la pasión encendida de dos personas que fusionan su amor, aunque, si empleas algún método que intensifique esa sensación, el placer será mucho mayor.


(Fuente: "Afrodita", de Isabel Allende)

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